Various Artists | Aquí Estamos Todavía - La Supervivencia Del Violín En El Son Jarocho

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World: World Traditions Latin: Latin Folk Moods: Type: Acoustic
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Aquí Estamos Todavía - La Supervivencia Del Violín En El Son Jarocho

by Various Artists

Five of the last rural son jarocho fiddle players who still use unique instruments hollowed out of a piece of cedar, and play rarely heard old sones.
Genre: World: World Traditions
Release Date: 

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1. El Toro Zacamandú Fidel Domínguez
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2. El Zapateado Ignacio Bustamante
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3. La Guacamaya Santos Xolo
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4. El Cascabel Rodolfo Cobix
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5. El Fandanguito Fidel Domínguez
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6. El Siquisirí Ignacio Bustamante
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7. El Huerfanito Santos Xolo
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8. Los Panaderos Rodolfo Cobix
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9. Las Pascuas Pascual Mozo
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10. La Morena Ignacio Bustamante
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11. El Buscapiés Santos Xolo
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12. La María Cirila Rodolfo Cobix
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13. El Ahualulco Fidel Domínguez
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14. El Colás Ignacio Bustamante
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15. El Borracho Santos Xolo
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16. La Tuza Fidel Domínguez
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17. Los Enanos Ignacio Bustamante
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18. El Pájaro Cú Santos Xolo
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19. Las Pascuas (B) Fidel Donínguez
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ABOUT THIS ALBUM


Album Notes
The survival of the violin in Son Jarocho


At the present time the violin is rarely used in the fandango in southern veracruz. It can be heard occasionally in the context of studio recordings or concerts by professional Son Jarocho groups such as Mono Blanco, Son de Madera, Chéjere, and Sonex. However, it is almost unheard of to attend a fandango in the countryside and witness a farmer playing a rustically made fiddle. Perhaps this has never occurred in most of the Sotavento region but in Santiago Tuxtla and more so in San Andrés Tuxtla, this instrument was common in the fandangos. Now it is barely used. In the municipality of Santiago Tuxtla we have only located one farmer who still plays. There are two more but because of their age and poor health they no longer play. In the near by municipality of San Andrés Tuxtla we have managed to record four violinists from different communities. Two of them speak Nahuatl and are the only ones who still play regularly.

It is important to mention that the instruments played here were not built like the conventional violin. They are made like the jarana whose body is a hollowed out piece of cedar. The top is then put on separately. The instruments are of different sizes, which contributed to the contrasting sounds, produced by each musician. Santos Xolo plays the largest violin, which is about the size of a viola and Ignacio Bustamante plays the smallest violin, which he made himself. The instrument played by Rodolfo Cobix is 56cm long and 16 cm wide. The timbre is also influenced by the bows, which are made from different kinds of wood and loosely strung with horsehair or fishing line. The strings used are a combination of nylon and metal.

The purpose of this recording is to draw attention to these remarkable musicians who play an instrument that has been forgotten in the traditional son jarocho context. They have made us aware of the important role that the violin once had in this tradition. Unfortunately they are the last remaining violinists in their communities. Hopefully these recordings will inspire and guide other musicians who are interested in incorporating the violin in the son jarocho tradition.


Interviews in Spanish
Entrevistas

Entrevista con Fidel Domínguez Quinto
violinista de El Cerro del Vigía, municipio de Santiago Tuxtla.

Bueno, ya como le digo mi papá fue tocador también, de jarana. Mi tío Miguel, su hermano, ese tocaba el violín. Ya después que ya fui grande me casé y ya seguí con mi jarana. Tocábamos y ya vide tocar a mi tío porque veníamos aquí a las navidades. Salíamos allá a las diversiones y ya lo vide tocar y le digo -¿Tío, es muy difícil tocar el violín? Dice -Pos depende del interés que le tengas, que te guste. Y así nos fuimos. Le digo -¿Tío sabe qué, me lo va a alquilar…si? Bueno yo vengo tal día. Dice él –Sí, te lo voy a prestar.
Ya me lo prestó. Dice él –Mira, te lo voy a dar pa’ que lo toques. No lo desbarates para que ahí aprendas a ponerlo. Pos como yo ya sabia tocar lo otro de tocando jarana ya, en los ocho días yo ya podía sacar los sones todo eso y así me fui hasta que no aprendí muy bien pero ya veníamos a tocar aquí ya. En los encuentros que hacían traía mi violín.

¿Ahora en el Cerro hacen huapango?

Ya muy poco, pero cuando hay una fiestecita sí ahí llevamos un huapango, pero ya es más raro. Ya ahorita la juventud ya tienen otro ambiente. Les gusta el baile y todo eso. Ya la bailadera no les gusta son poquitas. En navidad, en año nuevo ahí. Pues, se hizo huapango el día último ya en la noche. Ya hacen nacimiento, se traen los niños, ya luego después bajan para acá. Ahorita ya no tengo grupo, nos desbaratamos y orita yo he venido enfermo, le digo yo a los compañeros yo no sé, me pegó la tifoidea y la fiebre profilósis de ganado, yo ya me estaba recuperando me venía a Santiago a una reunión de la religión de la iglesia, una señora me habló aquí arribita. Ella iba para allá y yo iba acá de este lado y yo con el rabo del ojo vide que venía uno en una moto. Dije, me da tiempo, pasé corriendo pero este se fue a donde yo iba. Me fue agarrar a la orilla de allá, y yo todavía me frené, pero cuando yo sentí, me levantó y me azotó. ¿No me aventó? y dice él -¿Quién tiene la culpa? Pues dije -Fíjate que culpable eres tú porque yo te dejé tu rodada acá y fíjate onde me fuiste agarrar saliendo la guarnición.

Entrevista con Rodolfo Cóbix
Violinista de Texcaltitan, municipio de San Andrés Tuxtla.

Yo aprendí a tocar primero un requinto que hice con unas tablitas. Empezaba yo a tocar. Después compré un requinto en Belén Grande y de ahí ya aprendí. Era chamaco, ya estaba yo noviando, ya empezaba yo a calentar, y estaba un viejo acá, que ya murió. Era un tío de ahí. -Mira sobrino nos vamos a divertir. -Pero es que no toqué muy bien. Me decía -¿A ver como anda tu requinto? Está por cuatro. Me lo compuso. –Ahora si vamos a tocar un pájaro, lo que caiga. Estamos tocando en varias partes, en los velorios, iba yo. Amanecía tocando con ellos que aprendí. Ahora que ya me retire del requinto, agarré el violín. Fui por San Andrés, vendíamos maíz, me encuentro con un señor que vendía un violín todo despegao. Digo - ¿Me lo vendas? -Llévalo ¿cuanto me vas a dar? -Te lo doy en cuarenta pesos. Digo -Yo lo voy a componer. Digo, toda la tapa. Todo esto lo voy a hacer, si. Dice –Mira, llévalo en treinta pesos. ¡Bien barato! Un requintito me había costado quince, doce pesos, pero era requinto. Ahora, ya aprendí y de ahí me fastidió. Digo, lastima más el requinto y este no, más blandito. Sigo adelante y ahora estoy enseñando a varios. No lo agarran, que está difícil. Está fácil. Digo, mira namás. Agarran este, mira (toma su violín para tocar algunas notas) Aprender es así despacio. Un día lo vas a agarrar y ya. (¿Quien le enseñó?) –A nadie, a nadie. Yo miraba a un viejito que ya murió. Un viejito violinero. Era Antiguo. –A ver, digo, tío. Se llamaba Hilario Ambros. Digo –Tío Hilarios, présteme el violín. Quiero aprender. Un día fuimos a traer Los Remedios pa’ allá. Venía medio borracho. Le digo –Te lo voy a llevar. –Vete tocando. Dice –Que lo vas a agarrar. Llegando más acá a Xoteapan, Polvorín, ya chingué. Dije, parece que ya ‘toy dando bien. Dice –No, ya aprende niño. Yo me voy a morir. Tu vas a quedar como chingón. Hasta ahora aprendí.

Mi papá tocaba requinto. Lo punteaba. Ahí es donde le aprendí. Igual como el violín y la guitarra. Murieron varios violinistas. Aquí murió el difunto Hilario Bustamante, Hilario Ambros de acá arriba, Crescencio Ambros Chigo (de) Texalpan, Santos Ambros Marcial que era mi compadre. Reyes Xolo. Ahorita soy nuevo. Aquí no hay violinero. Muchos vienen que les enseñe nomás. Primero hay que divertirse. Escuchar un huapango y la música.

¿Había cantadores por aquí?

Murió el difunto mi abuelito Joaquín Ixtepan. Murió Florentino Ixtepan Ambros. Fueron dos verseros. Alonso Cóbix que era mi tío. Chico Ixtepan que era mi compadre. Esos cuatro verseros, donde una fiesta iban, que van a amanecer tocando, más si hay velorio. Cuando no es el otro, el otro. Iban dos. Oí que cantaron dos. A los quince días, ocho días van a cantar otros dos, en otra fiesta. Se iban turnando. Lo tocaban Los Panaderos, La Platanera. El Ahualulco, La Paloma. La María Cirila.

Entrevista con Santos Escribano Cagal
Violinista de El Nopal. Municipio de San Andrés Tuxtla.

Yo empecé a tocar de doce años. Ahí andaba yo con el violín. De ahí un señor me dice –Niño, te voy a hacer uno -¡Bueno! Por ahí me hizo uno chiquitito. Sabía hacer jarana, violín, guitarra; y como sabía tocar también el violín, guitarra, jarana, el sabrá de todo. Digo –ora me vas a enseñar a tocar. Iba yo como un día domingo y llegaba yo a mi casa ya oscureciendo, pero no le agarré yo el son que el tocaba. Yo poco a poco lo fui agarrando y ya escuché un huapango. Entonces ya empecé a salir. Ya me divertía. También entonces ya me fui a pegar a un primo que ya es muerto. Dice –Primo ya aprendiste. Le digo –Ya aprendí, gracias a Dios que ya, pos ya vez, así me gusta. –No agarraste el tono que yo te enseñé. Agarraste otro tono pero si agarraste bien.

El violín lo hizo el difunto tío Santiago Escribano. Nací en el Cerro Amarillo. De ahí se vino a meter este ejido. Es ejido aquí. Yo tengo setenta años. Juan Pólito es más grande que yo. Con ese tocábamos y otro señor. Se llama Chico Escribano Toto. Es primo. Con ese nos agarrábamos. Andaban cuatro y otro señor viejito. Ese te cantaba en castellano. Nosotros decíamos los viejitos “macebal”. Así lo decían ellos. Ya nos agarrábamos entre cuatro con ese mi sobrino Domingo. ¡Ja! Seis cantando el huapango. Ese huapango no salía a ninguna parte. Le iban a dejar su aguardiente, su refresco. No como ahora. Tocan, ya salen. Se ponían ahí las mujeres y chamacas. Como a las dos paraba el huapango. A tocar íbamos a Miltepec, Ranchoapan, Morelos y brincábamos aquí hasta San Andrés. Por ahí andábamos. Íbamos lejos y bailando varias muchachas. Ya nos reuníamos unos doce. Donde nos gustaba íbamos pa’ otro lado, otra ranchería hasta que llegábamos aquí al centro. Llevábamos dos cantadores. Todavía viven. Uno se llama Simón Baxin y el otro se llama Juan Baxin. Simón Baxin vive en Dos Amates pero no sale ya. Juan Baxin vive en Cerro Amarillo de abajo. Pa’ verso se agarraban dos.

Antes si había quien tocaba el violín. Muchos jaraneros. Antes un casamiento que te daba gusto. Un casamiento como ahora. Viernes mataron un toro y a medio día ya empezaba un huapango toda la noche a la una y sábado todo el santo día. Hasta el otro día domingo paraban el huapango a la una de la mañana. ¡Pero era huapango! Había entablado . Se escuchaba bonito un casamiento. Pues, ya poco a poco que aprendimos pues aquí estamos todavía. Ahorita la música está bien porque dondequiera hay diversiones y antes no. Antes un casamiento te convidaban y ahora no. Ahora dondequiera. Ya cambió el estilo de tocar. No como antes. Antes se bailaba una forma bien y ahora no. Ahora corrido. Antes era pausadito y pausadito tocaban. Ahora, si el bailador quería corrido, lo tocábamos corrido. No todo el tiempo.





lo respetara como padre y la mamá como madre, y el esposo como hermano, Que cuando se enojaran pues que no alargaran mucho la muina. Bueno, unos consejos que daban muy bien. Pero ya vez ahora ya no. Yo tuve mi embajador. Si lo tuve, pero de ahí se fue perdiendo esa tradición. Como todo. Como esta música. Estos aparatos que se fueron acabando. Ya ahorita esmuy diferente. Que bueno que lo quieren levantar otra vez. Pues ojalá que hubiera jóvenes de gusto, porque sobre toda la voluntad y el gusto. Porque ahorita casi todos se empicaron con la televisión, con otras cosas, ya de estas cosas ya casi no les hacen caso. Les invita uno y dicen si pero no cuando.

¿Aquí probaban a los novios?

Esa costumbre todavía la tienen por ahí. Parece que todavía. Antes…mucho antes, si, dicen que era igual dondequiera. Primero según que les hacían hacer tortillas. No, ahora que le van a mandar hacer tortillas. Ahora los mandan a comprar. Ahora no es igual como antes. Antes era el metate y con ese le daban los granos y luego vino el molinito ese de mano. Y ahora vino el molino grande. Ya no más la pura masa. Y ahora vino ya las tortilleras que ahorita ya el maíz casi por eso creo que no se siembra porque ya muy poco se usa. Ahorita pura tortilla. Está muy cambiado el tiempo ahorita.

Entrevista con Ignacio Bustamante
Violinista de Buenos Aires Texalpan, municipio de San Andrés Tuxtla.

Mi padre fue un campesino, nada más que cuando tenía madera fabricaba jaranas, guitarras, violines, sillas y mesas. Él murió de 105 años y también tocaba. Fue una descendencia grande porque mi abuelo fue violinero y un tío fue buenísimo, más que mi abuelo. Lo buscaban dondequiera y se lo llevaban por Ohuilapan y Miltepec. Yo aprendí porque tocaba la guitarra de son con otro señor nada más que agarró el chupe. Un día él estaba tocando el violín y le digo -préstame tu violín que también quiero aprender, y lo empecé a tocar.

Entrevista con Santos Xolo
Violinista de Los Meridas, municipio de San Andrés Tuxtla.

Ahorita ya no trabajo en el campo. Ahorita estoy con mi hijo y ellos me dan todo. Ya no trabajo. No hacemos milpa. Trabajé mucho antes. Antes si trabajé bastante. Íbamos a San Andrés con caballo. Se llevaba la cosecha, maíz, frijol. Acá lo agarrábamos más cerca en Tilapan. Toda la cosecha se iba a Tilapan, a Apixapa. Cuando había tren. Ahí acaparaban las semillas de frijol maíz. Se llenaban las bodegas. Pasaba el tren y se lo echaban. Habían unos señores que tenían unas tiendas y compraban. Tenían bodegas grandes y allí compraban todo. Se llamaba Goyo Marín. Pero murió Goyo. Quedaron sus hijos. Se llamó Sergio Marín. Pero luego se fueron y un señor que se llamaba Herculano y otro era Nayo. Esos hombres acaparaban todas las semillas. Y aquí en Ohuilapan estaba un tal Manuel Aguirre. Un gachupín que estaba. El era que compraba todo el maíz, frijol, arroz. Lo que hubiera. Todo compraba, pero fue en aquellos tiempos. Ya ahorita todos esos murieron. Ya una vez entró la carretera ya levantaron el tren. Ya no está. También anduvimos en el tren. Íbamos a veces en Cuatotolapan o nos íbamos a Rodríguez, o a Villa Isla. A veces íbamos a trabajar por allí, cuando acá se escaseaba el trabajo. En Isla; en la piña, corte de chile, en la pizca. Siembran por cien hectáreas de milpa. Tiene mucha tierra esa gente y sembraban bastante e iba gente de aquí pa’ allá, y a trabajar. Nosotros estuvimos trabajando aquí en Blanco de Nopalapan. Ahí estuvimos trabajando. Un tiempo. Ahí nos quedábamos. Ya los sábados ya nos veníamos. Ahí nos daban en el piso pero nos daban costales pa’ dormir allí.
Me casé a la edad de 18 años. No hubo boda porque en ese tiempo casi no. Pues, el que podía. En ese tiempo había mucha gente pobre. Trabajábamos al campo pero no daba. No daba para tanto gasto. Esta mujer nada más me la habían entregado. Ya después nos casamos. En aquel tiempo para pedir una muchacha se necesitaba que el papá del muchacho buscaba un embajador. Buscaban otra persona que se hiciera responsable sobre el compromiso que iban a hacer el papá con el otro papá y sobre los novios, y lo iban a pedir. No es como hoy que ahorita se enamoran por ahí por donde andan hasta en la escuela. No, antes no. Antes para conseguir una compañera necesitaba que el padre fuera . El embajador representaba como haciéndose responsable del compromiso que iban a hacer. Y ese tenía que estar al frente si por algo que... por algún problema que hubiera entre los novios ahí tendría que estar el embajador. El tenía que ver como que clase de problemas y como lo iba resolver el de acuerdo con el papá. Con los dos papas. Así fue antes. El día que se cumplía la boda el embajador era el que ordenaba como se iba a alistar la mesa. Como iban a hacer la comida. El papá iba nomás a lo que le decía el embajador. Así fue antes pero ya después se perdió esa tradición. Ya no.

¿El embajador podía ser cualquiera persona?

Solamente una persona qu
e tuviera mucho conocimiento. No cualquier. Una persona de mayor edad a que lo respetaran. Por eso a la hora de la entrega su compromiso era que le iba a dar consejo. Le daba consejo a la muchacha y al muchacho. Como iban a portarse. Como iban a vivir. Como podrían entenderse en lo adelante. Todo era su trabajo. Por eso lo buscaban desde su principio. Desde para pedirlo a la muchacha.
El embajador ya se hacía responsable el. Su compromiso era hasta la entrega. Ya una vez se lo entregaban o se casaban, como fuera ya los aconsejaba como iban a vivir. Como iban a entenderse. Ya les hacía ver muchas cosas. El compromiso que se echaba el muchacho con la muchacha, y la muchacha con el muchacho. A lo último estaba muy bonito porque le daba a conocer que el papá lo respetara como padre y la mamá como madre, y el esposo como hermano, Que cuando se enojaran pues que no alargaran mucho la muina. Bueno, unos consejos que daban muy bien. Pero ya vez ahora ya no. Yo tuve mi embajador. Si lo tuve, pero de ahí se fue perdiendo esa tradición. Como todo. Como esta música. Estos aparatos que se fueron acabando. Ya ahorita esmuy diferente. Que bueno que lo quieren levantar otra vez. Pues ojalá que hubiera jóvenes de gusto, porque sobre toda la voluntad y el gusto. Porque ahorita casi todos se empicaron con la televisión, con otras cosas, ya de estas cosas ya casi no les hacen caso. Les invita uno y dicen si pero no cuando.

¿Aquí probaban a los novios?

Esa costumbre todavía la tienen por ahí. Parece que todavía. Antes…mucho antes, si, dicen que era igual dondequiera. Primero según que les hacían hacer tortillas. No, ahora que le van a mandar hacer tortillas. Ahora los mandan a comprar. Ahora no es igual como antes. Antes era el metate y con ese le daban los granos y luego vino el molinito ese de mano. Y ahora vino el molino grande. Ya no más la pura masa. Y ahora vino ya las tortilleras que ahorita ya el maíz casi por eso creo que no se siembra porque ya muy poco se usa. Ahorita pura tortilla. Está muy cambiado el tiempo ahorita.


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